viernes, 6 de febrero de 2009

En.cuentros

Me sorprendí ayer, a eso de las 9 y media de la noche, marcando el número de celular de una amiga mía de la preparatoria. Tenía mucho tiempo sin verla. La dejé de ver porque ella olvidó varias citas que habíamos hecho mucho tiempo atrás. Me dejó plantada más de un par de veces y esto me ocasionó un miedo enome de volverle a buscar.

Hace casi un mes, luego de las fiestas decembrinas, nos comenzamos a mandar mensajes de -Hola, cómo estás...sólo para saludar...-. Una empezaba y la otra terminaba la comuncacion. Recuerdo aún el primer mensaje que recibí de ella y siento que se me hace una mueca de felicidad en la cara. Sonreí mucho.

Sentí después, (y se lo explayé en un mensaje) que era mi oportunidad de re.conquistar al mundo. No es que Viridiana..(Viri, dejémosle en Viri) sea mi mundo, no, no lo es y no lo será, pero era para mí una imagen majestuosa su presencia de lo que es tener una amiga. Una amiga en todos los aspectos y para todos los recónditos microbitos de mi cuerpo.

Dispuesta a no soltarla nunca más y ser más, mucho más paciente que años atrás, me apresuré un día a pedirle que nos viéramos. Quiero pensar que no era miedo lo que tenía, sino nervios de verla de nuevo, luego de tanto tiempo.
Pero, acá entre nos, tenía un miedo mayúsculo de que Viri una vez más no llegase al lugar. O esperaba inconscientemente un mensaje que dijera que se e hizo tarde y que mejor -lo dejamos para otro día-.
Sin embargo, entre tanto embrollo, tenía una esperanza enorme de que Viri hubiese sido tramsformada en una persona más puntual y que fuera ella quien me esperara por 3 minutos más.

En fin, llegó el afamado día. La esperada hora, 8.35. No me bajé nisiquiera del coche. Quería evitarme la pena de después subirme sola, de regresar de estar sentada en la banqueta y treparme así d la nada, o de recibir el mensaje de cancelación del encuentro en plena vía pública. Por Dios! Estaba temblando.

La primera señal de que las cosas no saldrían bien hizo sonar mi celular:
-Para variar voy tarde...discúlpame.

Dije...uf..bueno, está bien, es tarde pero ya viene. Nada me cuesta esperar.
Viri no insinuo en su mensaje que estuviese cerca o lejos del lugar. Sin embargo yo permanecería ahí aunque estuviese del otro lado del mundo. Para mí, saber que venía en camino, me tenía gozosa y era todo un honor para mí esperar a verla llegar corriendo como antes, como siempre. Recuerdo que siempre escuchaba sus chanclas antes de verla...no sabía de vista que era Viri, pero su paso y su ruido al -chanclear- eran aspectos especiales de mi amiga.

Pasó media hora. O talvez más. Cuando vi por el retrovisor su largo cabello bailándole al aire inquieto de la noche. Grito algo así como:
-No manches, de nuevo tarde, perdón!

Siempre decía eso, siempre. Y para mí decir siempre es siempre. No había salidas en las que no llegara tarde y se pronunciara de su boca: es que el camión...o....no manches es que, bueno ya qué te digo verdad...o...pero ya no me va a pasar....o...habia un tráfico de la....

Pero la vi y todo quedó saldado. Era como si ambas nos debiésemos ese encuentro tan atrasado que ahora no importaba nada más que abrazarnos o, no sé...hacer algo ridículo y cursi, qué más daba...no la vería en otro medio año más. No importaba sí haría el ridículo o no, o si se aburría de oirme hablar de verme callada o si nos reprochábamos tanto o no. Total...talvez no la vería de nuevo. Eso no importaba.

Importaba decirle las palabras precisas para alguien a quien quiero y admiro:



TE EXTRAÑÉ!

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